¿Cómo salvar al periodismo?
Los diarios no tienen un gran futuro. No migran bien a Internet (su propia tradición es un lastre), y lo que allí ganan no llega a compensar lo que pierden en el papel. En Internet el periodismo tampoco es un gran negocio. Google vende publicidad en sus búsquedas: les ganó de mano a las empresas periodísticas que ya no pueden ser en la Web el potente vehículo publicitario que han sido en papel. Y si algún día llegaran a encontrar en Internet un modelo de negocios, es muy posible que el mercado esté tan atomizado que no permitirá la rentabilidad a la que estaban acostumbrados.
En Estados Unidos ya hay diarios importantes que han cerrado y muchos otros que están boqueando. La cadena Tribune, que publica Los Angeles Times, está al borde de la quiebra. En 2008, 15 mil periodistas fueron despedidos según el Pew Research Center. En estos siete primeros meses del año ya hubo 5.900 periodistas despedidos según la asociación que nuclea a los editores. Cifras tremendas: los diarios pierden corresponsales, especialistas, reducen sus coberturas especiales, cancelan los proyectos de investigación (me resulta muy fácil imaginar gente feliz con esta perspectiva). Y sí: el buen periodismo sale caro.
¿Cómo preservar entonces al buen periodismo en este momento de crisis cuando aún no se han generado nuevos modelos viables y eficaces? Este problema ya se discute en EE.UU. Los debates parten de que el periodismo es una herramienta imprescindible de la democracia. Si es bueno –ahí está la cuestión, claro–, es una herramienta para ayudar a controlar a los gobernantes, para defender los derechos de los más vulnerables, para ayudarnos a comprender y tomar decisiones. Etcétera.
El New York Times está estudiando convertirse en una entidad sin fines de lucro para recibir donaciones de particulares. Es el modelo de las universidades; reciben donaciones gigantescas y así cuentan con dos fuentes de ingresos: los aranceles y los intereses que esas donaciones producen invertidas en el mercado financiero. En la misma línea, ya existe una publicación –Pro Publica– sostenida por donaciones, que realiza investigaciones serias y profundas y las entrega en exclusividad a un medio; luego las pone en su propio sitio de Internet, a disposición de todos.
Otro modelo que se analiza es el de los medios públicos: la británica y prestigiosa BBC, sólo responsable ante su público, “libre de cualquier influencia política y comercial“, sostenida por un impuesto anual a la tenencia de televisores.
Cada modelo tiene sus pros y sus contras; y más si es llevado a la práctica y a la realidad de cada país.Tal vez el peor es el aplicado en Francia. Sarkozy aumentó el subsidio a los grandes diarios (600 millones de euros en tres años sobre los 280 anuales que ya recibían).
Acá las señales de la crisis de los diarios y del periodismo se ve ve en la caída de la circulación –sólo tuvo un respiro en 2005– y de la publicidad, especialmente la de los clasificados. Pero el debate está ausente. Un motivo: nuestra economía es menos compleja y dinámica y la crisis es más lenta. No hay despidos en los medios del país de la magnitud que tienen en EE.UU. (abundan en cambio los retiros voluntarios) ni han quebrado aquí diarios importantes. En síntesis: la crisis no tiene la gravedad que tiene en EE.UU y a nosotros no nos conmueve el largo plazo.
Pero hay otros presuntos obstáculos para debatir el tema. Hablar de calidad periodística y de la búsqueda de modelos alternativos en un clima enrarecido por la pelea del matrimonio Kirchner con Clarín es correr el riesgo de que el tema sea distorsionado, o simplemente desoído. Y hablar de medios públicos puede parecer una ingenuidad cuando nuestros llamados medios públicos hasta ahora no son nuestros ni públicos: son gubernamentales. Aun así creo que es imprescindible pensar estos temas. Porque la ausencia de debate no frenará la crispación; al contrario, le cede el terreno.
La idea es salvar al periodismo en su declive económico y en su incierta transición hacia el mundo digital. El diario ya no es el medio rey; ahora mandan los negocios vinculados con el espectáculo (por eso los Kirchner libran allí la pelea con Clarín). La idea no es salvar a los diarios sino al periodismo. Eso es una tarea estratégica para los periodistas (me parece que hay muchos indiferentes, y otros limitados a la queja), para los empresarios (limitados a su propio interés específico), las universidades (algunas, creídas de que el tema no les concierne o temerosas de recibir un “daño colateral“), y para los intelectuales y los políticos capaces de pensar más allá de la coyuntura y de las alineaciones automáticas.
Nunca habrá condiciones perfectas para este debate. Así que es mejor empezar ya. Porque la crisis del periodismo no va a terminar cuando cese la crispación, ni cuando remonte la economía. Tampoco se va a resolver sola.
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11 respuestas hasta ahora
1 Julio Perotti // Ago 23, 2009 a las 23:15
Desde que se debate esta situación de los medios, me aflora un interrogante:
¿Quién está en crisis? ¿El periodismo? ¿Los periodistas? ¿Los medios? ¿O todos?
Un par de cuestiones para analizar porque sé que no vamos a obtener una respuesta certera.
En primer lugar, al periodismo lo pusimos en crisis los periodistas.
En segundo lugar, los periodistas declaramos en crisis al periodismo porque no sabemos bien cómo hacer para salir de la encerrona en las que quedamos atrapados desde el mismo momento en que no comprendemos a las nuevas audiencias. ¿No será que estamos llorando sobre la leche derramada en lugar de buscar la solución?
En tercer lugar, los medios (de los que los periodistas somos parte inescindible) recién ahora advierten que el modelo de negocios está mutando y ya no alcanza con los formatos tradicionales. La realidad, aquí también, marcha más rápido que la capacidad de adaptación.
En cuarto lugar, admitamos también que fuimos ciegos y acríticos seguidores de paradigmas que, a esta altura, se revelan inútiles para retener lectores. Confiamos en esas lecciones antes que en los que nos planteaba nuestro propio público. Es decir, nunca nos bajamos del Olimpo.
Y quinto, creimos que éramos líder en una clase de comunidad que ya no existe, que era urbana y ya no admite fronteras vecinales; que tiene hoy mucho más que ver con intereses que con hábitats comunes. Creíamos que podíamos dominar el mundo.
Y volvemos a la pregunta: ¿De quién es la crisis?
2 Alvaro Liuzzi // Ago 23, 2009 a las 23:59
Muy preciso tu análisis Roberto. Como decís, es extraño el caso en nuestro país donde todavía no han cerrado diarios importantes por la baja en sus ventas. Y hay que sumarle a esto el discurso instalado de que “salvar al periodismo” es salvar a “las empresas de medios impresos” y esto dista mucho de la realidad.
El periodismo como disciplina, creo, tiene actualmente una posibilidad enorme para crecer y reinventarse sin dejar de lado los valores tradicionales. Habrá que ver como se paran frente a esto los “medios tradicionales” y que uso hacen de ello las nuevas generaciones de profesionales.
3 Sandra Román // Ago 24, 2009 a las 1:15
Muy bueno tu artículo, Roberto! No me parece mal que el periodismo deje de ser un buen negocio para volver a su fuente!
Tal vez sea solo eso lo que estábamos necesitando para rescatarlo! Un cariño grande.
Sandra
4 Roberto Guareschi // Ago 24, 2009 a las 19:59
Alvaro, no han cerrado pero Clarín y Nación perdieron muchos ejemplares. En el 95 Clarín llegó a vender 1.050.000 ejemplares los domingos. Hoy vende 700.000. Su promedio mensual apenas supera los 400 mil. Hay días que vende poco más de 200.000. El diario no es un mal negocio pero no es el gran negocio del grupo.
5 Roberto Guareschi // Ago 24, 2009 a las 20:02
Julio, yo diría que el periodismo y los periodistas. El periodismo no es ahora un gran negocio. Y los periodistas no sólo están en crisis por esto (despidos, menos capacitación, menos trabajos en profundidad, etc), lo están también porque el oficio está redefiniéndose: tanto en términos tecnológicos como culturales. Es un cambio monumental. Y es una oportunidad única en la historia: está todo en el aire, por definirse. Y dentro de algún tiempo aparecerá un google del periodismo y se producirá la concentración y, con eso, barreras muy altas de entrada. Me parece.
6 Roberto Guareschi // Ago 24, 2009 a las 20:12
Alvaro, sí, es una oportunidad grandiosa. Habría que aprovecharla porque la ventana no estará mucho tiempo abierta. En algún momento se dará en el periodismo en internet la misma concentración que se dió en los buscadores (Google)
7 Ricardo Braginski // Ago 24, 2009 a las 21:07
A todo lo anteriormente dicho, habría que agregarle la crisis de entusiasmo de los periodistas, que el contexto actual genera. Para un periodismo de calidad, la “mística” es importante, y es lo que está escaseando profundamente. Muy bueno el artículo, me parce fundamental que empecemos a debatir cómo salvar al periodismo.
8 Roberto Guareschi // Ago 24, 2009 a las 21:11
Algún proyecto aprovechará toda la energía que hay vacante
Eso es seguro. Algunos ejemplos (seguro que hay más pero no muchos más) Crítica (la de Botana, claro), La Opinión (de Timerman), Página 12 (de Lanata)…
9 carolina // Ago 26, 2009 a las 0:54
me gustó el análisis. ahora, ves viable un modelo semejante al de las universidades que estudia TNYT acá?
Respecto de la relación con el lector, creo que el mail fue una salvación: qué bueno cuando se empezaron a abrir todas esas ventanitas de diálogo!
De dónde es Pro Publica? V
10 Roberto Guareschi // Ago 26, 2009 a las 12:02
Carolina, acá ya existe algo parecido: la Universidad Austral, hecha con donaciones de una familia rica y comprometida con la religión católica y miembros o simpatizantes de una orden dentro de la Iglesia. No conozco si se trata del mismo sistema (endowment) que el de USA. Tampoco sé si la Universidad Austral tiene autonomía académica, etc. Es un buen tema para estudiar. En todo caso -y admitiendo las diferencias: se trata de una universidad, no de una publicaicón periodística- muestra que algo parecido a lo que describo en el post sería posible en la Argentina.
Dicho esto, no veo a ninguno de los diarios argentinos gozando de la posición social que tiene el NYT. Y menos ahora, en pleno combate con Néstor K. Los diarios parecen herramientas de combate, claro que unos mucho más que otros. Y unos tienen más credibilidad/legitimidad histórica que otros.
O sea: no me parece que les pueda resultar fácil pasar a un sistema de endowmen. Y tampoco que lo deseen. Clarín no lo necesita, por ahora, porque tiene un Grupo que puede subvencionarlo si un día deja de ser rentable. La Nación tampoco creo que lo necesite por ahora. Pero si llegara a necesitarlo, tal vez estaría en mucha mejor posición para recibir un endowment porque su imagen es más nítida en el plano de lo periodístico.
Pro Publica es de USA. Googlealo.
11 Roberto Guareschi // Ago 31, 2009 a las 15:32
Cometimos muchos errores pero estamos a tiempo. Tenemos la oportunidad de recrear el periodismo y de hacerlo con la facilidad de que ahora los grandes conglomerados mediáticos no tienen la fuerza ni los modelos para construir en la web la posición dominante que tienen en otros ámbitos.
Esta ventana de oportunidad quizás no dure mucho. Por ejemplo, en el mundo de los buscadores Google ya erigió una fabulosa barrera de entrada.
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