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Marzo 9, 2010

El pasado del futuro

Julián Gallo está construyendo el pasado del futuro de Buenos Aires. Su proyecto -La Cápsula del Tiempo- es uno acontecimientos central del Bicentenario, un proyecto del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

La cápsula es un mensaje a los argentinos de 2210, el cuarto centenario. Es un testimonio: un “así somos“ que será leído como “así éramos“ los porteños.

Uuno podrá subir a esa cápsula fotos, videos, textos, audios, señales de vida, emociones, deseos, miedos, cultura, como un mensaje a los que ya están delante de nosotros en esta tierra, en nuestra ciudad, en nuestro país. Ya están porque los estamos prefigurando con nuestros deseos y  -también, de alguna manera, con nuestros actos: qué responsabilidad!-. Entonces, la construcción es doble: estamos construyendo el pasado del futuro y también el futuro.

Este es uno de los valores del trabajo de Julián: nos ayuda a ser más concientes de lo que estamos construyendo.

El sitio está en alfa (falta poco para que se abra), en fase de prueba.  He subido fotos: me gusta pensar que alguien -pariente, extraño- me verá dentro de 200 años buceando en el mar, que verá a mis hijos, hermosos y buenos e inteligentes.

La Cápsula del Tiempo tiene el valor de ser un trabajo colectivo, en línea con mucho de lo que hemos escrito y debatido en este blog.

He escrito algo: un mensaje que será leído en el 2210, en una Argentina que no puedo imaginar. Esto escribí:

——–

Este segundo centenario ha sido el más difícil de nuestra historia. Y una buena noticia: ya se termina. El primero fue el de la fundación. Todo era claro. Se trataba de nacer y de crear algo nuevo. Había un guión, había ejemplos: la Revolución Francesa, la guerra de la independencia de Estados Unidos. Apenas 20 años dentro del segundo centenario, cuando el mundo cambiaba, los argentinos eligieron el pasado: el autoritarismo, la violencia. Un siglo de búsqueda en la oscuridad y en la intolerancia. Ahora vivimos el final de esa visión de la historia y de la política. No importa que estemos ahogándonos en un vaso de agua: es un castigo merecido por nuestro incurable y farsesco dramatismo: el problema es que uno termina creyéndose sus propias impostaciones. El segundo siglo parecerá una pesadilla: una guerra absurda (Malvinas), una guerra atroz (la de los desaparecidos) y una guerra que se evitó en la hora 25 (contra Chile). Fue una pesadilla. Pero también fue el siglo en que se consolidaron el tango y el futbol y surgieron artistas que nos definirán para siempre: Borges y Gelman, Berni, Piazzolla, Maradona. Si la creatividad de los argentinos sobrevivió tanta desgracia es porque es a prueba de cualquier desgracia. O tal vez es un producto de la desgracia, un rasgo, una ventaja evolutiva. Y tal vez nuestra mejor ventaja competitiva. El desafío es abandonar aquel estímulo perverso y hacerla crecer y expandirse no para sobrevivir y para explicarnos las heridas sino para ser más felices. El mundo vive estos años una de sus crisis económicas más profundas y la Argentina está a flote. No es por casualidad. Dios no es argentino. Es un mérito logrado con demasiado sufrimiento: es como haber completado el maratón corriendo para atrás. Ahora puede venir el siglo del encuentro. Estamos en el medio de otro cambio de época (este es gigantesco) y esta es otra oportunidad que la historia nos brinda para elegir bien, para elegir el futuro. Con esta esperanza entramos en el tercer centenario.

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1 Comentario

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  • 1 Amílcar // Mar 13, 2010 a las 16:37

    ¡Qué tema, inconmensurable, eterno, si estos adjetivos pudiesen ser cabalmente concebidos! Somos constantemente el pasado del futuro. Como escribiera Antonio Machado: “…caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino sino estelas en la mar…” Según esto nosotros somos siempre el camino, el tiempo mismo, porque sabido es que la metáfora lo alude y nosotros somos lo significado. Es decir nosotros estamos hechos de tiempo, somos tiempo. Ni pasado, ni futuro, sólo tiempo.DEl futuro no sabemos nada y al pasado volvemos mediante el recuerdo con mucha más imaginación que verdad porque el olvido hace que lo convirtamos en una ficción, según ya lo explicara Jorge Luis Borges. Dicho esto, viajar hacia delante en un tiempo imaginario del que no formamos parte, un tiempo que no es nosotros y entonces no es, resulta imposible. Los habitantes del futuro nos verán a nosotros conforme sus criterios y prioridades, es decir, nos imaginarán a partir de las noticias que les dejemos pero proyectándose sobre nosotros, de tal modo que nos convertirán en personajes de sus propias ficciones. Seremos funcionales a ellos. Recuerdo haber escuchado críticas a las películas sobre la antigua Roma en las que se decía que los senadores romanos hablaban y se comportaban como los ejecutivos norteaméricanos de las épocas en que se hacían las películas.Creo que si subiera a ese podio o cofre que guardará testimonios de este tiempo que soy y dejará allí videos, fotografías, cartas y objetos de los que me sirvo y que hacen a mi entorno y a mis costumbres, a los habitantes del futuro sólo podría interesarles aquéllo que tuviese que ver directamente con sus vidas futuras. Ignoro qué sería. Si tuviera que dejarles un mensaje sería éste: “Vivan del mejor modo posible, traten de ser felices, no se dañen a sí mismos, cuídense, quieranse…” Es decir les hablaría con el mensaje del pasado de los profetas bíblicos y de Jesucristo o el lenguaje de los grandes maestros de la filosofía, ya que el pasado está en el futuro siempre, en cambio el futuro no existe.-

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