Estamos creando otro periodismo: será mucho mejor

Blog de Roberto Guareschi header image 2

Diciembre 12, 2009

Fracaso y culpa del periodismo

El caso Pomar es un ejemplo de la inseguridad colectiva expuesta en un sufrimiento individual y familiar profundo e irreversible. El Estado no nos protege: creo que así se archiva en la conciencia colectiva. La imagen es tremenda: los cuatro cuerpos descomponiéndose en un campo, la policía simulando que los busca y los funcionarios políticos simulando eficacia en los medios masivos.

Creo que los periodistas y los medios tenemos una responsabilidad en la construcción de esa falsedad que duró 24 días y quiero reflexionar sobre eso en esta columna.

Primero, un contexto. Mi hipótesis es que Scioli y su gente temen/temían que el caso Pomar se convirtiera ese tipo de tragedias de gran resonancia que de pronto sintetizan un malestar social hondo y fuerte y producen una crisis política, un Cromañón: allí se condensaron nítidos los orígenes de ese malestar: afán criminal de lucro, corrupción, desprecio por la vida.

Había razones para temer. Hay un malestar hondo y fuerte por la inseguridad ensañada en indefensos e inocentes. Las denuncias de corrupción que involucran a funcionarios le agregan a ese malestar una percepción de impunidad que lo multiplica. No es sólo el estilo violento de los Kirchner: la injusticia en el reparto de la riqueza, visible en los conflictos sociales en la calle y los medios, crea un mare magnum donde todo se potencia y oscurece.

A esta tensión social, a esos malestares, les temen los políticos con cargos ejecutivos. Por eso la auscultan con su “minuto a minuto“, las encuestas, y por eso le responden en el escenario social por excelencia, el escenario de los medios.

Pero el gobierno de Buenos Aires respondió como en un escenario teatral. Los policías de Stornelli no buscaron: actuaron el rol de policías que rastrillaban. Los funcionarios sólo iban al campo y a la ruta a simular una eficacia ante los medios. Remplazaban la acción con la palabra, decían “miles de policías“ y decían “por tierra y por aire“.

Pero el escenario social implica (sobre todo y todavía) a los grandes medios masivos y a los periodistas. Yo creo que el periodismo tuvo un rol pasivo y deficiente y por eso ayudó a construir aquella ficción política: el concepto “miles de policías“ se plantó en el territorio de los medios, donde a los periodistas se nos reconoce una idoneidad y una función, y por eso una responsabilidad. Supuestamente sabemos separar los hechos de la ficción. No vimos rastrillajes pero comunicamos que se realizaban. Vimos desorientación y la transmitimos sin filtro.

¿Por qué fallamos? Porque no cumplimos con nuestra responsabilidad, primero y principal, y por una inercia negativa propia de nuestro oficio. Los policías y los jueces y fiscales buscan culpables y muchas veces prejuzgan, nosotros buscamos historias y a veces “compramos“ y vendemos historias falsas.

Recuerdo ahora una frase atribuída a un periodista brillante y cínico de los años 50 y 60: “nunca dejes que la realidad te impida un buen título“ (no lo nombro porque no la escuché de él; la transcribo porque describía una verdad). Muchas veces encubrimos nuestra pobreza con una frase bella. Y muchas veces remplazamos el vacío con construcciones basadas en hipótesis basadas en otras hipótesis.

En el caso Pomar los periodistas y los medios terminaron envueltos en una trama que no les pertenecía -las urgencias y miedos de Scioli y la policía- pero no fueron inocentes sino “partícipes necesarios“. Sacaron un beneficio (aparente y efímero) del engaño: construyeron una historia (vacilante, improbable) para satisfacer (chapuceramente) una supuesta demanda de sus públicos y competir con malas artes con otros periodistas y medios.

Por eso se colgaron de las declaraciones de una fiscal que difundía hipótesis en contra de toda prudencia: conflicto familiar, secuestro, robo, desaparición voluntaria, involuntaria, etc. Eso sí, se cubría: “No existe indicio que las confirme“. Llegó a decir que no habían hallado arma alguna de Pomar pero que “pudo haber comprado una en el mercado negro“. Quizás no tiene idoneidad, fue víctima de su fama súbita. O de presiones políticas: Diga algo, muestre que estamos preocupados y actuando, métale.

Esta vez algunas de las hipótesis insustanciadas fueron pronunciadas por un miembro de la familia de las víctimas: la sospecha de una pelea marital basada en el relato de discusiones; la hipótesis del narcotráfico, apoyada en que Pomar era técnico químico.

La voz de un familiar no convalida una hipótesis ni da legitimidad a su publicación ni da inocencia (“Ah, no lo dije yo; lo dijo la suegra“). La misma familiar, dolida y desorientada, aclaraba que era una suposición. Los periodistas y los medios la convertimos en un daño.

He escuchado lamentos, “me da verguenza ser periodista“, de colegas que no han intervenido en el caso Pomar. Pero no he leído ni escuchado autocríticas con sustancia y sin reservas. No fueron “ciertos medios“ ni “ciertos periodistas“, fueron medios y periodistas concretos los que cayeron en este error, con distintos grados de culpa, la mayoría por acción y algunos por omisión: podríamos haber señalado a tiempo la mala práxis. Esta columna es una autocrítica. También intento reflexionar sobre el error para ayudar a comprenderlo y no repetirlo. Le pedimos autocrítica a Pepe Albistur y nos irritan sus gambetas… No somos proclives a reflexionar sobre nuestro trabajo y cuando lo hacemos no somos rigurosos, nos quedamos en la queja, transferimos culpas: “Lo dijo la suegra“, “lo impone la empresa“; maneras de renuncia. El periodismo que viene es una práctica y una teoría y se construye hoy.

Categorías: Medios masivos · mala praxis · periodismo

7 Comentarios

7 respuestas hasta ahora

  • 1 Camilo // Dic 13, 2009 a las 17:04

    Que cierto… que triste

  • 2 DANIEL // Dic 13, 2009 a las 18:58

    Roberto muy interesante tu columna de hoy. Ahora, dando por sentada en forma excluyente la teoria del accidente no volvemos a tropezar con la misma piedra?
    ¿te podés comer una curva así cuando vos hiciste ese camino muchas veces antes?
    ¿por qué salieron a tirar lo de las deudas si los Pomar tenían un plazo fijo de $ 160.000 y ademas Pomar había cobrado un indemnización de $ 66.000. Toda esa guita está intacta.
    ¿Cómo juega la maldita Policía? A quien conviene este zafarrancho. Por mas que sabemos que son lamentables este tipo de búsquedas no requieren mas que sentido común. Mayor tecnología achica los tiempos pero la búsqueda se orienta con parámetros de sensatez. En fin. Hay que hacer una autocrítica sobre todo los sicarios que tienen escritorio en las redacciones, pero no abandonar la búsqueda de la verdad

  • 3 Gabriel Erbiti // Dic 13, 2009 a las 22:49

    Estimado Roberto, hoy leí su columna en el diario y coincido en todo lo que dice. Aprovecho para mandarle humildemente lo que yo había escrito la semana pasada en un impulso y que quedó en la notebook sin ningún destino pero que con mis palabras quise reflejar en parte lo que usted dice. Saludos, ahí va, muchas gracias:

    DE POLICIAS, POLITICOS Y PERIODISTAS

    La historia de la malograda familia Pomar me ha despertado los más diversos sentimientos.
    Los primeros días compartí con la mayoría de la gente la angustia e incredulidad cotidiana de ver en los medios periodísticos la ausencia de rastros, tanto del auto como de las personas, como si se los hubiera “tragado la tierra”.
    Con el correr de los días, a esa angustia inicial se le sumaron episodios de sorpresa cuando, casi simultáneamente los veían tanto en Neuquén como en Ameghino…¿acaso no iban a Pergamino? Ni hablar del pobre perro que habían dejado abandonado en una guardería.
    Fue desazón lo que sentí, cuando luego de ausentarme por una semana del país, me enteré al llegar que aún no los habían encontrado.
    Retornaron angustia y sorpresa cuando una colega me comentó que habían “encontrado a los Pomar”, pero todos muertos en un supuesto accidente al costado de la ruta 31, a pocos kilómetros de Pergamino…¡¡¿¿qué??!!
    Finalmente tuve una erupción de sentimientos varios cuando comencé a ver la repercusión de la noticia en la televisión e internet: el ministro Stornelli en el lugar del hecho diciendo, contundente e implacable, que el “rastrillaje había sido exitoso” y que gracias a ello habían encontrado los cuerpos; en otro canal una periodista comentando que los había encontrado, alertado por el olor nauseabundo, un baqueano que nunca apareció; por otro lado un policía diciendo que los había encontrado él con otro comisario…¿el rastrillaje se hace de a dos?; un periodista de canal 13 quejándose que “no le permitían el paso más cerca del lugar del hecho”, casi peleándose con el policía que resguardaba el lugar, mientras sus colegas en estudio socarronamente le decían “lo que pasa es que vos sos periodista, por eso no te dejan pasar”; perfil.com que anunciaba a grandes títulos, con una foto de la rueda del auto volcado, “Se veía desde la ruta”; un perito en criminalística que sin inmutarse y sin pensar en las pobres familias dice “seguro la mujer sobrevivió durante varios días” mientras todavía se estaban realizando las autopsias; que hubo un llamado al 101 denunciando un accidente en la zona…que no hubo un llamado al 101 denunciando un accidente en la zona, o era al 911 o al 101, ya no sé.
    Alguna vez leí que el periodismo difícilmente pueda ser totalmente objetivo, que algún grado de subjetividad es natural que el ser humano imprima en lo que está informando; pero ver a periodistas de renombre (Santos Biazzatti, por ejemplo) rebajarse a inventar las más alocadas teorías y suposiciones o realizar preguntas cargadas de resentimiento y violencia, por el hecho de pertenecer a empresas enfrentadas con el gobierno de turno, directamente me dio náuseas.
    Entonces, con una policía que actúa con semejante impericia y negligencia, funcionarios públicos/políticos incapaces de reconocer errores evidentes y por último, periodistas que informan (o deforman) de acuerdo a los intereses económico-políticos de las empresas privadas a las que pertenecen, ¿hacia dónde vamos? Con este proceder, ¿no generan acaso ellos mismos más violencia?
    En el país del voto “no positivo” es práctica habitual la “no autocrítica”, total, la culpa, siempre es del otro.
    Así estamos.
    Gabriel Erbiti. DNI 20985556.

  • 4 Guillermo Berto // Dic 15, 2009 a las 12:14

    Roberto, excelente su columna. Como casi todos los periodistas y además encargado de la sección policiales de un diario y editor de un blog dedicado a temas del Poder Judicial, también hice mis reflexiones que aquí trato se sintetizar.
    Ante un caso criminal dado, en la enorme mayoría de los casos los periodistas recurrimos a las fuentes policiales. Y a esas fuentes debemos ponerlas bajo sospecha de inmediato: Son los primeros encubridores, los primeros que ofrecen información sesgada. ¿Lo hacen porque son corruptos, o para favorecer a alguien? No siempre. Lo hacen porque son parte interesada. Quizá no tuvieron nada que ver con el caso policial en cuestión, pero sí tienen que ver con su esclarecimiento. Por eso se produce el fenómeno que vemos tan a diario: la banda que robó el banco y huyó sin ser atrapada será “una super banda”, los boqueteros que vaciaron el tesoro sin dejar rastros serán “sofisticados ingenieros”, y, siguiendo esa lógica, la familia que no aparece por ningún lado será “violenta, abusadora, traficante” y quién sabe cuántas cosas más, estará fuera del país u oculta por su voluntad en algún rincón inaccesible.
    Y los periodistas solemos repetir esas definiciones sin chequearlas, sin siquiera tamizarlas por el sentido común o al menos preguntarnos: ¿y por qué esta fuente me cuenta esto?.
    Salvo escasísimas excepciones, somos precarios investigadores y debemos asumirlo. Muchas veces no es por nuestra culpa, sino porque no disponemos de los medios o la formación necesarios.
    Me ha tocado la cobertura, para el diario Río Negro, del asesinato del soldado Carrasco (1994) y del primer triple crimen de la ciudad de Cipolletti (1997), entre tantos otros casos resonantes. Muchísimas veces llegábamos al final del día sin ninguna información confiable ni “fuerte” para llevar a la primera página.
    ¿Se debía a que éramos malos periodistas? Es posible, pero también intervinieron otros factores: nótese que al día de hoy existen dudas sobre si los condenados por la justicia fueron los respectivos autores.
    Para la prensa, en ninguno de los casos era fácil conseguir datos confiables porque los mismos investigadores eran los que estaban sospechados y la información que filtraban era interesada.
    Por suerte el diario no nos exigía un título de tapa por día, de modo que cuando no había, no había.
    Pero si los canales de televisión, las radios y los medios digitales, en constante competencia, envían periodistas al lugar del hecho para obtener información, ¿qué hacen esos reporteros? Consiguen lo que sea. He visto por televisión informes de 10 minutos con un periodista hablando de un auto quemado que no era de los Pomar, y el informe no lo ocultaba, lo decía desde el comienzo. ¿Cómo se pueden “llenar” 10 minutos con un hecho no es noticioso?
    Queda mucho más por decir (en especial sobre la intromisión política, nunca ausente), pero ya me extendí demasiado. Le mando un abrazo y ojalá el debate continúe. Lo necesitamos.

  • 5 Pepito el Sabueso // Ene 4, 2010 a las 7:55

    Soy detective aficionado y estudiando el caso Pomar y todo lo que se dijo y que figura en la Red (autoridades, peritos oficiales y privados, periodistas y lectores) fue fácil deducir lo que sucedió: Fernando Pomar pidió dinero prestado, con el cual vivía, y por eso no tocó el dinero del banco. No pudo pagar. Lo amenazaron. Pero además se enteró, a pesar suyo, de cosas que lo transformaron en un peligro para ciertas personas con poder. Y entonces se simuló un accidente. Como no podían simularlo solo con Fernando Pomar, asesinaron a toda la familia fraguando un accidente común de tránsito. Con respecto al testigo que dice que vio el vehículo volcado, la respuesta más lógica la dio un lector: simplemente le pagaron para que lo dijera. Hubo lectores que afirmaron que todos los que estuvieron involucrados (autoridades, peritos oficiales, etc.)fueron comprados. En definitiva, si se trató realmente de un asesinato, nunca se descubrirán a los culpables, y las razones son obvias. Mi admiración al perito privado Roberto Locle que tuvo el coraje de destruir con argumentos irrebatibles la teoría del accidente, aunque no se atrevió a decir que fue un asesinato… Pepito el sabueso.

  • 6 Amílcar // Ene 25, 2010 a las 14:10

    Leyendo a Eugenio Raúl Zafaroni encontré una explicación para los por qué del caso Pomar. Como el tratadista explica las “agencias del poder punitivo”, léase policía, poder judicial, poder ejecutivo provincial, hacen siempre su defensa corporativa frente a los otros. La verdad y la justicia, siempre, quedan relegadas, importan casi nada,sus trozos de relatividad se convierten en polvo entre los dientes de las ferocidades corporativas que mastican con avidez y urgencia todo lo que pueda desnudar su ineficiencia.

  • 7 Amílcar // Ene 27, 2010 a las 8:41

    Ahora que,querido Roberto, no creo que los Kirchner tengan un estilo violento, creo que las corporaciones y los políticos y, ni que hablar, muchos de tus colegas, tienen sí, en cambio, un estilo violento, arrogante y mercenario. Desde la ética podrían ser recusados en un espectro o gama muy amplia. Estan los retardatarios cavernícolas por vocación, hacen un culto a la desmemoria y la ignorancia; los frívolos pagados muy generosamente por las empresas para las que trabajan que han vendido su conciencia al mejor postor; los loros repetidores de lo que les dicen que digan, que se cambian de traje y corbata todos los días y son meros alcahuetes; los divos; los ridículos. En fin, hay algunos a los que todavía les creo, como vos, como Orlando Barone, como Horacio Verbitsky, etc.

Deja un Comentario