Estamos creando otro periodismo: será mucho mejor

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diciembre 5, 2010

Un golpe sobre la mesa… del periodismo

Hoy publiqué este texto en el diario Perfil. Es una versión corregida y ampliada de mi post anterior. Luego, agrego una serie de links que pueden brindar una visión más amplia del cablegate y su efecto sobre el periodismo. Y finalmente transcribo un artículo de Manuel Castells publicado en La Vanguardia (Barcelona) el 30 de octubre.

Una pregunta para empezar: ¿En medio del escándalo del cablegate, quién se lleva las palmas, los cinco más grandes diarios del mundo que publicaron los cables secretos de la diplomacia norteamericana o Wikileaks que los obtuvo, los procesó y se los entregó?  Nadie le atribuye a los diarios ningún mérito en obtener la información, claro, porque no lo tienen. Pero tampoco se les reconoce pericia para editarla o valentía para publicarla. Esa valentía se le reconoce al soldado que filtró los cables y a Julian Assange, el fundador de Wikileaks que vive en la clandestinidad, perseguido por espías y por la policía en todo el mundo.

Wikileaks utillizó la enorme capacidad de difusión que tienen esos diarios y los eclipsó. Pero no se trata de una simple cuestión de percepción. Yo creo que los diarios y Wikileaks están ayudando a crear nuevas formas de periodismo. Unos porque no han tenido más remedio. El otro, por su propia naturaleza; lo busque o no.

Wikileaks viene haciendo revelaciones hace cuatro años. Pero el cablegate ha aumentado mucho su visibilidad, por la importancia de los materiales y por el efecto acumulativo de todas las revelaciones. Ayuda a eso, también, que no se trata sólo de documentos oficiales. El cablegate nos muestra cómo dialogan en secreto los funcionarios del poder. Los cables configuran un reality show involuntario en el que los poderes fácticos se sacan un premio vergonzante.

Nunca antes el público había tenido ese tipo de acceso a ámbitos secretos del poder mundial. Es la fantasía de muchos: tener acceso a una ventana para ver cómo operan los diplomáticos lejos del escrutinio con los dobleces y la hipocrecía de la real politik. No importa que lo que vemos por esa ventana sea sólo uno de los niveles del poder mundial y no el más alto. De todos modos, ese acceso es información que se puede convertir en conocimiento y el conocimiento es una forma del poder.

Pero lo más importante para el periodismo, creo, es que toda esa riqueza no llegó a conocimiento público de la manera usual. Tradicionalmente, una persona (la fuente) a quien le conviene difundir un secreto, lo pasa a un medio al que también le conviene difundirlo. Un ejemplo: en los `70 Woodward y Bernstein, del Washington Post, fueron convocados por el famoso “garganta profunda“ porque el FBI quería debilitar a Nixon. El diario marcó un hito en la historia del periodismo y logró un prestigio que hoy le sirve más que nunca, cuando declinan los diarios de papel.

Los motivos de las fuentes son inagotables. Creo que los más importantes y abarcativos son: tener más poder (para sí y/o para otros), defenderse de algún poder y calmar su sentimiento de culpa.

La fuente visible del cablegate (no se sabe si hay otras), el soldado Bradley Manning, fue directamente a Wikileaks quizás porque admiraba a esa organización y no confiaba en los grandes medios, y porque esperaba protección (no la obtuvo, está preso). Y, sobre todo porque esa organización le aseguraba una difusión global inmediata y masiva.

Si hubiera ido a un solo diario -el procedimiento tradicional- corría varios riesgos. Entre otros, que ese diario tuviera el control exclusivo de la información y pudiera retacearla o darle un sentido distinto al esperado por él. Wikileaks fue una herramienta eficaz para él.

Ahora miren este proceso desde la perspectiva de Wikileaks. Con los documentos en su poder, Wikileaks busca a su vez una herramienta. Julian Assange decide esta vez elegir a cinco de los grandes diarios del mundo -The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y El País- en lugar de entregar los materiales a quien los quisiera, como ha hecho otras veces. Entiende que esa abundancia disminuye el valor. Y, dentro de la ley de oferta y demanda, crea una escasez para exaltar el valor; o sea, para tener más impacto. No es una conjetura; lo cuenta Assange.

¿Assange beneficia a los diarios? Sí, en parte. Pero no los fortalece, los disminuye. Wikipedia conserva la relación directa con la fuente o las fuentes; no la comparte. Y ellos, los diarios, son los receptores casi pasivos de una información que no fue obtenida por ellos pero no pueden ignorar porque es valiosísima.

Wikileaks es aquí tan poderoso que les ha quitado un atributo crucial de todo periodismo, el acceso directo a la fuente. Ese acceso es crucial porque en el trato personal con la fuente se obtienen datos tan importantes como la filtración que permiten conocer o deducir móviles y evaluar eventuales manipulaciones. Así los medios pueden brindar la noticia a sus lectores en un contexto que favorece un análisis crítico.

Otro atributo clave -pero sólo propio del periodismo tradicional- es la exclusividad, otro punto donde golpea Wikileaks. El periodismo tradicional actua dentro de las reglas del mercado; es realizado por una empresa o un grupo en competencia con otras empresas o grupos. Por eso la búsqueda de la exclusividad.

Wikileaks arrasa con la exclusividad. Ha forzado algunos de los mejores diarios del mundo a entrar en cadena. Claro, con matices. Pero han tenido que salir al unísono sin diferenciarse nítidamente. Cada uno hizo su edición del material. Pero se reunían, discutían, cada uno tenía una idea de lo que el otro iba a publicar. Fue un insólito trabajo en común

Un atributo más del periodismo, el más importante porque resume a todos, es su capacidad para controlar al poder, todo el poder, no sólo el de los gobiernos, porque el poder nos prefiere ignorantes.

Wikileaks compite por esa función. No digo que el periodismo tradicional no la cumpla a veces. Pero en este caso Wikileaks acaparó esa función. Como ya dijimos, nadie habla de los diarios sino de Wikileaks. Es evidente que en la práctica concreta, les está disputando una parte del territorio del periodismo.

Fíjense cómo se hace visible esta tensión. Apenas Wikileaks dijo en la Red que el cablegate era una sociedad con los cinco medios, un periodista del Times se apuró a decir que para ellos Wikileaks no era un socio sino apenas una fuente.

Wikileaks es mucho más que una fuente tradicional. Es una organización en la que trabajan ciudadanos, periodistas y especialistas en tecnología de la información, abogados, etc. que envía gente a distintas partes del mundo para investigar y para chequear información. Y además es eficaz: los gobiernos no desmienten sus revelaciones, sólo las minimizan. Tan poderosa es esta “simple fuente“ que ocupa un lugar en la imposición de la agenda global y por eso, en la construcción del discurso público, rol que se atribuye el periodismo.

La tensión entre Wikileaks y los cinco diarios es la tensión entre los viejos y los nuevos medios y entre las formas tradicionales de periodismo y las que están en formación. El célebre Manuel Castells, quien hizo estos días una apasionada defensa de Wikileaks,  dice que es un “medio de información“ (*). Jay Rosen ha dicho que es una “organización noticiosa“, la primera que actúa fuera de un Estado nacional. Para los diarios tradicionales Wikileaks es apenas una fuente; no es periodismo.

Creo que esa discusión es menos importante que la práctica concreta. Wikileaks es un camino para la construcción de nuevos medios periodísticos. Tiene estas fortalezas: obtiene información, la evalúa y la distribuye. Wikileaks es ubicua, desafía al poder establecido, se constituye en mediador de ciudadanos que deciden saltear a los medios tradicionales y actúa, como dice Rosen, fuera de los Estados nacionales.

El cablegate es un golpazo sobre la mesa. Es un riquísimo disparador para pensar en los nuevos periodismos.

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Ahora, los links:

Entrevista con Assange: qué es Wkl

http://www.openculture.com/2010/07/inside_the_secret_world_of_wikileaks.html

Wikileaks y Afganistán (la revelación anterior al cablegate:

http://www.salon.com/news/opinion/glenn_greenwald/2010/07/25/wikileaks

Idem por Columbia Journalism Review

http://www.cjr.org/campaign_desk/the_story_behind_the_publicati.php?page=all

Wkl y Afganistán por Jay Rosen

http://archive.pressthink.org/2010/07/26/wikileaks_afghan.html

Un muy buen perfil de Assange por The New Yorker

http://www.newyorker.com/reporting/2010/06/07/100607fa_fact_khatchadourian

Cómo trabaja Wl:

http://www.time.com/time/printout/0,8816,2034040,00.html

Cito el párrafo:

The bulk of the heavy lifting — heavy analytical lifting — that is done with our materials is done by us, and is done by professional journalists we work with and by professional human-rights activists. It is not done by the broader community. However, once the initial lifting is done, once a story becomes a story, becomes a news article, then we start to see community involvement, which digs deeper and provides more perspective. So the social networks tend to be, for us, an amplifier of what we are doing. And also a supply of sources for us.

Assange, su trabajo y el periodismo. Chat con el público desde un lugar oculto:

http://www.guardian.co.uk/world/blog/2010/dec/03/julian-assange-wikileaks

cito:

Pregunta:

The State Dept is mulling over the issue of whether you are a journalist or not. Are you a journalist? As far as delivering information that someone [anyone] does not want seen is concerned, does it matter if you are a ‘journalist’ or not?

Respuesta de Assange:

I coauthored my first nonfiction book by the time I was 25. I have been involved in nonfiction documentaries, newspapers, TV and internet since that time. However, it is not necessary to debate whether I am a journalist, or how our people mysteriously are alleged to cease to be journalists when they start writing for our organisaiton. Although I still write, research and investigate my role is primarily that of a publisher and editor-in-chief who organises and directs other journalists.

Entrevista de la revista Time a Assange el 30 de noviembre:

http://www.time.com/time/printout/0,8816,2034040,00.html

Un ejemplo de buen trabajo original de un diario tradicional:

http://projects.washingtonpost.com/top-secret-america/

Ahora, el texto de Castells

(*) “¿Quien le teme a Wikileaks“, publicado en La Vanguardia (Barcelona) el 30 de octubre último. El sitio de la Vanguardia estaba hoy en reparación y el links estaba roto. Por eso lo transcribo aquí completo.

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20101030/54062523022.html

OBSERVATORIO GLOBAL

¿Quién teme a Wikileaks?

Los ataques a Wikileaks no cuestionan su veracidad, sino que critican el hecho de su difusión

Tenía que ocurrir. Los gobiernos llevaban tiempo preocupados con su pérdida de control de la información en el mundo de internet. Ya les molestaba la libertad de prensa. Pero habían aprendido a convivir con los medios tradicionales. En cambio, el ciberespacio, poblado de fuentes autónomas de información, es una amenaza decisiva a esa capacidad de silenciar en la que se ha fundado siempre la dominación. Si no sabemos lo que pasa, aunque nos lo temamos, los gobernantes tienen las manos libres para robar y amnistiarse mutuamente como en Francia o Italia o para masacrar a miles de civiles y dejar curso a la tortura como EE.UU. en Iraq y Afganistán. De ahí la alarma de las élites políticas y mediáticas ante la publicación de centenares de miles de documentos originales incriminatorios para los poderes fácticos en EE.UU. y en otros muchos países por Wikileaks. Se trata de un medio de comunicación por internet, creado en el 2007, publicado por una fundación sin ánimo de lucro legalmente registrada en Alemania pero que opera desde Suecia. Cuenta con 5 empleados permanentes, unos 800 colaboradores ocasionales y cientos de voluntarios repartidos por todo el mundo: periodistas, informáticos, ingenieros y abogados, muchos abogados para preparar su defensa contra lo que sabían que se les venía encima.

Su presupuesto anual es de unos 300 millones de euros, producto de donaciones, cada vez más confidenciales, aunque algunas son de fuentes como Associated Press. Se inició por parte de disidentes chinos con apoyos en empresas de internet de Taiwán, pero poco a poco recibió el impulso de activistas de internet y defensores de la comunicación libre unidos en una misma causa global: obtener y difundir la información más secreta que gobiernos, corporaciones y, a veces, medios de comunicación ocultan a los ciudadanos.

La mayor parte de la información la reciben, generalmente por internet, mediante el uso de mensajes encriptados con una avanzadísima tecnología de encriptación cuyo uso facilitan a quienes les quieren enviar la información siguiendo sus consejos, o sea, desde cibercafés o puntos calientes de wi-fi, lo más lejos posible de sus lugares habituales. Aconsejan no escribir a ninguna dirección que tenga la palabra wiki, sino utilizar otras que facilitan regularmente (tal como http//destiny. mooo.com). A pesar del asedio que han recibido desde su origen, han ido denunciando corrupción, abusos, tortura ymatanzas en todo el mundo, desde el presidente de Kenia hasta el lavado de dinero en Suiza o a las atrocidades en las guerras de EE.UU. Han recibido numerosos premios internacionales de reconocimiento a su labor, incluyendo los de The Economist y de Amnistía Internacional.

Es precisamente ese creciente prestigio de profesionalidad el que preocupa en las alturas. Porque la línea de defensa contra las webs autónomas en internet es negarles credibilidad. Pero los 70.000 documentos publicados en julio sobre la guerra de Afganistán o los 400.000 sobre Iraq difundidos ahora son documentos originales, la mayoría procedentes de soldados estadounidenses o de informes militares confidenciales. En algunos casos, filtrados por soldados y agentes de seguridad estadounidenses, tres de los cuales están en la cárcel. Wikileaks tiene un sistema de verificación que incluye el envío de reporteros suyos a Iraq, donde entrevistan a supervivientes y consultan archivos.

De hecho, los ataques contra Wikileaks no cuestionan su veracidad, sino que critican el hecho de su difusión, so pretexto de que ponen en peligro la seguridad de las tropas y ciudadanos. La respuesta de Wikileaks: se borran los nombres y otras señas de identificación y se difunden documentos sobre hechos pasados, de modo que es improbable que puedan peligrar operaciones actuales. Aun así, Hillary Clinton ha condenado la publicación sin comentar la ocultación de miles de muertos civiles y las prácticas de tortura que revelan los documentos. Al menos, Nick Clegg, el viceprimer ministro británico, ha censurado el método pero ha pedido una investigación sobre los hechos.

Pero lo más extraordinario es que algunos medios de comunicación están colaborando con el ataque que los servicios de inteligencia han lanzado contra Julian Assange, director de Wikileaks. Incluso un comentario editorial de Fox News aboga por su asesinato. Y sin ir tan lejos, John Burns, en The New York Times, intenta mezclarlo todo en una niebla respecto al personaje de Assange. Es irónico que lo haga este periodista buen colega de Judy Miller, la reportera de The Times que informó, consciente de que era mentira, del descubrimiento de armas de destrucción masiva (véase la película La zona verde).

Esa es la más vieja táctica mediática: para que se olviden del mensaje: atacar al mensajero. Eso hizo Nixon en 1971 con Daniel Ellsberg, el que publicó los famosos papeles del Pentágono que expusieron los crímenes en Vietnam y cambiaron la opinión pública sobre la guerra. Por eso Ellsberg aparece en conferencias de prensa junto con Assange. Personaje de novela, el australiano Assange pasó buena parte de sus 39 años cambiando de lugar desde niño y, usando sus dotes matemáticas, haciendo activismo hacker para causas políticas y de denuncia. Ahora más que nunca está en semiclandestinidad, moviéndose de un país a otro, viviendo en aeropuertos y evitando países donde se buscan pretextos para detenerlo. Por eso surgió en Suecia, donde se encuentra más libre, una querella por violación que luego fue desestimada por la juez (relean el principio de la novela de Stieg Larsson y verán una extraña coincidencia). Y es que es el Partido Pirata de Suecia (10% de votos en las elecciones europeas) el que está protegiendo a Wikileaks, dejándoles su servidor central encerrado en un búnker bajo tierra a prueba de toda interferencia.

El drama no ha hecho más que empezar. Una organización de comunicación libre, basada en el trabajo voluntario de periodistas y tecnólogos, como depositaria y transmisora de quienes quieren revelar anónimamente los secretos de un mundo podrido, enfrentada a aquellos que no se avergüenzan de las atrocidades que cometen pero sí se alarman de que sus fechorías sean conocidas por quienes los elegimos y les pagamos. Continuará.

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