Una carrera en periodismo
Días atrás, un periodista joven, con un cargo importante en un diario de papel, me contó que no sabía si aceptar una propuesta de un nuevo medio digital. En momentos como ese evaluamos nuestro pasado (el capital profesional que ponemos en juego) y nuestro probable futuro (la eventual ganancia). Es nuestra “carrera“ la que intentamos planificar.
¿Qué es una carrera en periodismo hoy?
Yo hice una carrera en Clarín. Entré el día del periodista de 1976 y me fuí el último día de marzo de 2003 como jefe de la redacción. Se le llamaba carrera a un recorrido generalmente hacia arriba en una escalera de aprendizaje, reconocimiento profesional y monetario, y poder (el ranking es mío, claro).
En los años 70 hacer una carrera era trabajar en una institución que brindara seguridad. Empezar joven y salir jubilado, el recorrido de mis abuelos.
Pero los periodistas éramos un caso aparte. Una buena carrera era cambiar mucho de empleo: así, el crecimiento y el aprendizaje estaba más apoyado en uno mismo que en una estructura empresaria. Cambiar era crecer. Apenas dos años en el oficio, en La Razón, empecé a trabajar también en El Cronista, y luego estuve en el diario Noticias. Y mientras tanto intenté hacer televisión: “audicioné“ y gané un puesto como reportero en Canal 7 (Felipe Solá fue otro de los postulantes; sí, fue periodista) pero no lo tomé porque me obligaban a afeitarme.
El golpe militar cambió todo. No sólo estaba el peligro: se reducían mucho las fuentes de trabajo. Los periodistas también necesitábamos un lugar que nos diera cierta ilusión de seguridad.
Cuando se fueron los militares ya estaba en marcha un cambio superior: ahora no era una catástrofe política sino la cultura de la época la que modificaba las condiciones para el periodismo. La informática desplazaba a la industria pesada, el conocimiento se transformaba en el valor supremo en la economía.
Las empresas con organizaciones verticales y procesos lineales (propias de las industrias tradicionales y los ejércitos… y de los diarios tradicionales) entran en crisis. Siempre funcionaron con un costo altísimo en energía derrochada: exigían creatividad y la castigaban porque el verdadero valor supremo no era la innovación; era la complacencia con las jerarquías, algo propio de los procesos industriales. Qué ironía, los diarios eran empresas del pasado que producían los bienes del futuro: la información y el conocimiento.
De pronto aparecen empresas como Google, capaces de trabajar con equipos, descentralizadas, deslocalizadas, en red, sin jerarquías congeladoras. Empresas capaces de estimular y aprovechar toda la creatividad: no se puedan dar el lujo de desperdiciarla porque su supervivencia depende de ella. “Hay una relación profunda entre el tipo de organización de los procesos sociales y los valores que los constituyen“, dice Felix Stalder en su libro sobre las ideas de Manuel Castells. “En el industrialismo la forma social dominante es la jerarquía; en el informacionalismo, es la red“
Las viejas empresas dicen “mi verdadero capital es la gente“ y en su acción concreta privilegian los procesos y las máquinas. A las nuevas empresas no se les ocurre decir eso. Sería como decir “yo respiro aire“. En ellas el poder se basa en el conocimiento y la capacidad de innovar y coordinar.
En esa cultura no hay carrera en el viejo sentido. La época tiene un ratio de cambio inédito: internet explotó en el 95 con la aparición de los navegadores; en 1998 empezaron los blogs; en 2000 Google ya vendía avisos; en 2004 las redes sociales ya eran una fuerza imparable. Cada hito es un cambio profundo. Qué sentido tiene esperar un lugar cómodo para siempre. Suena a morirse, no? Es la muerte.
El problema que tienen los periodistas jóvenes es que estamos en una transición y estamos en la Argentina, unos años atrás de un futuro que ya está ocurriendo en los países centrales. Todavía los diarios de papel tienen un gran prestigio entre los periodistas jóvenes. Y las nuevas tecnologías son asignaturas marginales en las carreras de periodismo; aun escucho decir que no hay que darles mayor espacio porque lo esencial del periodismo es inmutable.
Linda frase para quedarse quieto. Son las nuevas tecnologías de la información las que hacen posible la globalización. Son herramientas, sí, pero están embebidas en nuestra cultura: sin ellas no podríamos comprender nuestro momento histórico ¡ni escribir sobre él!
Entonces: el riesgo de estar en la Argentina es prepararse para el pasado. No es solamente un problema de los medios ni de las escuelas de periodismo. Es un problema general: se ha gravado la importación de productos de informática para beneficiar a los ensambladores de Tierra del Fuego. Otra: los Kirchner privaron a las telefónicas de la posibilidad de hacer triple-play para conseguir votos de la izquierda a la Ley de medios. Es insensato: la tecnología impone la convergencia.
El otro problema para pensar hoy en una carrera es que estamos en la transición. Está en marcha la construcción de un periodismo nuevo pero el viejo aún tiene más prestigio y más gravitación social y política.
Los que hoy empiezan una carrera en periodismo tendrían que apostar a una promesa y navegar, si es necesario, en ambos mundos. Para mí, les conviene tener la cabeza y el corazón puestos en los medios digitales: vivir en aprendizaje y cambio. Las carreras profesionales siempre han sido, sobre todo, un recorrido interno. La gran novedad es que hoy un periodista puede tener su propio medio. No es el único camino. Es una posibilidad. Así que no necesita tanto como antes de soportes externos. Esto le voy a decir al colega que me consultó sobre su carrera.
Categorías: Redes sociales · periodismo




14 respuestas hasta ahora
1 Marina // Feb 21, 2010 a las 15:45
Roberto, linda tu columna de hoy, sobre todo para los que recién empezamos y más que nadar en ambos lados estamos bastantes preocupados por salir a flote.
abrazo
Marina
2 Gaston Roitberg // Feb 21, 2010 a las 16:30
Estimado Roberto,
Es muy gratificante y alentador que un periodista de tu calidad y trayectoria invite a las nuevas generaciones a navegar por “ambos mundos” sin tener miedo a ponerse los anteojos de la epoca. En la Argentina todo tarda, pero algun dia llega y la unica maner de no frustrarse es experimentar, animarse y, si es necesario, aprender a que se puede trabajar con el emsayo y el error.
Un abrazo,
Gaston
3 Roberto Guareschi // Feb 21, 2010 a las 17:19
Gracias, Marina, Gastón. Estoy de acuerdo: hay que experimentar, y estudiar. Y tener paciencia y optimismo. Los cambios vienen sin aviso y son potentísimos.
4 hernan ramos // Feb 21, 2010 a las 17:47
Querido amigo Roberto:
He leído con cuidado y mucho interés esta nota y me adhiero a élla sin reserva. La historia de tu recorrido como periodista es, de algún modo, el recorrido de una generación que hizo mucho por el periodismo de nuestros países, en el cual me incluyo con mi propia experiencia. La transición que vivimos hoy -del mundo industrial al mundo digital de la información- nos afecta a todos y todavía está por verse el desenlace.
Te saludo y te envío mis respetos
HERNAN RAMOS
Quito, Ecuador
5 Roberto Guareschi // Feb 21, 2010 a las 22:00
Hola Hernán, un saludo muy cordial. Pienso que es un privilegio participar de esta transición. En mi blog hay fotos de puentes: ese, me parece, es el rol de nuestra generación.
6 Roberto L // Feb 22, 2010 a las 22:15
Siempre me resulta bueno leerte.
Otra… por si acaso, contesté tu mail pero muchas veces los míos son enviados a la carpeta Spam sin que mis destinatarios los lean. Por si acaso dale una mirada a ese canasto…
7 Pablo Luis Caballero // Feb 23, 2010 a las 11:50
Estimado Roberto: Por años creí que eras mi amigo, de igual nombre, egresado del mismo colegio, hasta que supe que eras otra persona extraordinaria. Lo puedo decir porque no tengo nada que pedir en la fecha. Te informo que he leído tu mensaje a los jóvenes y lo incorporé al blog de Filatina en http://www.filatina.wordpress.com Si hubiera cualquier inconveniente, por haber sido escrito para un diario por derechos o lo que fuera, avisame y lo saco.
Quisiera encontrar otros casos como aquél extraordinario en que varios periodistas y fotógrafos pudieron conformar la denuncia sobre el asesinato de Kosteki y Santillán, donde se haya logrado mediante las pruebas fotográficas (fotodenuncia, fotodocumento) destrabar una investigación periodística, corrigiendo errores de cualquier tipo y origen. Apelo a tu vasta experiencia. Tenía la idea de escribir a la asociación de fotógrafos. Tal vez algo que ver con el caso Cabezas. Es posible realizar al respecto un breve informe? Creo que eso también serviría como tu relato de ejemplo a jóvenes recorriendo el largo camino para llegar a ser un buen periodista.
Cordialmente, Pablo.
8 Roberto Guareschi // Feb 23, 2010 a las 15:06
Hola Pablo, gracias por tus palabras. El caso Cabezas fue el de un fotógrafo asesinado porque cumplió con su trabajo; pero en su esclarecimiento no intervino la fotografía como herramienta. Es muy posible que la asociación que nuclea a los reporteros gráficos te pueda ayudar. Un saludo muy cordial. No entendí bien: ¿querés decir que tuviste un compañero con mi nombre? ¿En qué escuela y años?
Roberto
9 Oscar Soria // Feb 23, 2010 a las 15:55
Muy buen articulo… (y muy linda la foto de mi Santiago del Estero… cuando vi ese puente me resulto familiar, y me ha dado nostalgia, debo decirte); un detalle mas: estoy “reconectandome” con la carrera de “Comunicacion Social” y advierto que todavia no hay materias dedicadas a las TICs, lo cual me lleva a suponer que todavia ese prejuicio sobre los llamados “nuevos medios” todavia existe, o hay una crisis en la forma de dictar la catedra (y muy probablemente una situacion retroalimente la otra). En este ultimo punto, no me deja de sorprender la forma en que las nuevas generaciones aprenden las herramientas on line, mientras que los docentes se mantienen iletrados, ignorantes de los tiempos que corren.
Muy buen blog, y que siga la foto de Santiago arriba
Oscar
10 Roberto Guareschi // Feb 23, 2010 a las 18:18
Hola Oscar, Alejandro Piscitelli, en la Cátedra de Procesamiento de Datos de la carrera de Comunicación de la UBA está haciendo un trabajo fantástico: http://www.proyectofacebook.com.ar/
Un abrazo y gracias.
11 Amílcar // Feb 24, 2010 a las 0:21
Roberto ¿Qué es un triple-play? ¿De qué modo los Kirchner nos privaron de eso para aprobar la ley de medios, cuál sería la relación? Esto no es un comentario sino una pregunta
12 Marcelo de la Torre // Feb 28, 2010 a las 17:08
…ya desde las primeras líneas dije -Roberto tiene que conocer el libro que me recomendó Piscitelli: se trata de Dubet, F. (2006). El declive de la institución. Profeciones, sujetos e individuos en la modernidad. Barcelona: Gedisa.
Esta en sintonía con alguna de las cosas que escribís aquí… aunque va por más y es revelador de una transformación más profunda en lo que respecta a `programas institucionales´.
Genéricamente comprende a todo `trabajo que trabaje con los otros´, más su foco está referido a la educación, la salud, y el trabajo social.
Muy bueno tu blog… como siempre.
Cariños
13 Alexis Socco // Mar 12, 2010 a las 15:04
Hola Roberto: estoy leyendo desde hace años sobre este tema, que podría llamarse periodismo tradicional vs periodismo tecnológico, y lo que me llama la atención es que aquellos que se muestran ‘integrados’ son los periodistas más experimentados, lo cual me parece bien. El tema es que aún no se dan las posibilidades concretas, al menos en Argentina, de que el periodismo en soporte virtual logre los mismos réditos en términos económicos -tanto para laas empresas como para los periodistas- que el tradicional. Y muchas veces no queda otra que volcarse al papel, porque allí es donde -por ahora- está la papa. Hay que ver cómo se transforma esto en el tiempo y qué papel jugará cada soporte. Un saludo
14 Roberto Guareschi // Mar 12, 2010 a las 18:34
El problema es que es muy difícil que el periodismo vuelva a ser el fabuloso negocio que ha sido. Mientras no haya nuevos modelos de negocio tampoco se puede especular sobre cuán rentable puede ser. Los salarios de los periodistas no están estrictamente relacionados con la rentabilidad de las empresas en que trabajan, pero suelen tener alguna relación.
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